Nehemías 8:6
Bendijo entonces Esdras a Jehová,
Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se
humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.
Esdras, un sacerdote dedicado en
vida a Dios, sabia lo importante y primordial que es exaltar el nombre de
Jehová, en su corazón conocía que cuando el pueblo se rinde a Dios totalmente
ocurren cosas grandes y maravillosas, por eso es necesario adorar al único y
verdadero salvador, Jesucristo.
La lectura nos revela que un
pueblo reunido como un solo hombre en la plaza (Nehemías 8:1) se humilló,
porque sabían que no estaban únicamente en presencia de un sacerdote, sino que
estaban delante de la presencia de Jehová. Ellos sabían que haber cumplido con
la reconstrucción de los muros de Jerusalén en 52 días (Nehemías 6:15) no fue
por sus propias fuerzas, sino por el inmenso poder de Dios, este poder es tan
grande que todas las naciones temblaron al saberlo (Nehemías 6:16).
Jesucristo merece que nos
presentemos ante él con un corazón humillado y dispuesto, porque con su gran
poder ha vencido al mundo; nos ha dado salvación y vida eterna en abundancia. En nosotros debe
estar una adoración al Padre proveniente desde lo más interior, desde nuestro espíritu.
El pueblo adoró inclinándose a
tierra, porque conocía que Dios estaba delante de ellos, lo adoraban decidiendo
volver a tomar su palabra como parte de su vida misma, ¿cómo adoras a Dios?,
¿te presentas ante él con un corazón humillado?
Más la hora viene, y ahora es,
cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad;
porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Juan 4:23
Cuando Jesucristo esta con la
mujer samaritana le enseña que la verdadera adoración al Padre es en espíritu y
en verdad. Adorar en espíritu implica que rindamos nuestra voluntad a Dios,
nuestros pensamientos y planes a los que Él tiene para nosotros y para el
mundo.
Adorar también significa amar, y
cuando adoras en espíritu y en verdad, no únicamente te presentas ante Dios
como un obrero aprobado, que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la
palabra de verdad (2 Timoteo 2:15); sino que le demuestras todo el amor que
tienes hacía Él, porque Dios es amor (1 Juan4:7). Mientras más ferviente sea tu
amor al Señor, tu adoración se vuelve única y especial ante Él.
La clave de una adoración
profunda y exitosa a Dios es el amor que tenemos hacía Él.
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