La mayor parte de la sociedad conoce a Dios o ha escuchado de Él, ya que es muy curioso darse cuenta que las frases más comunes son: “Dios proveerá, gracias a Dios, Dios te cuide, Dios me bendijo, etc.”, pero lo que hace llamativo a estas oraciones es que la mayoría de las personas que las mencionan no reconocen a Cristo como su salvador y tampoco han muerto junto con Él en la cruz. Tampoco quiere decir que sea un error que las mencionen, ya que ciertamente Dios obra en su vida de una manera en particular.
Antes de entrar al tema de la gracia
especial, es necesario mencionar que la gracia de Dios, es dada a toda la
humanidad, redimidos o no, y a esta parte conocemos como gracia común. “La
gracia común es la misericordia y la bondad que Dios extiende a la raza humana.
La Biblia dice que Dios en su providencia envía la lluvia sobre justos e
injustos (Mateo 5:45)” (Sproul, 2015, p. 226). Ciertamente Dios bendice de
forma general a toda la sociedad, esta es la razón por la que la humanidad
utiliza las oraciones mencionadas anteriormente de manera muy frecuente.
Dios ha mostrado su cuidado hacia la
humanidad y su creación desde el principio, pero el desempeño de la vida de los
hombres en la activación de la gracia común, dependerá en gran manera de su
forma de pensar, administrar y accionar las bendiciones que el Señor otorga día
con día; es decir, la gracia común es dada a la humanidad de manera natural.
Cuando el ser humano conoce a Dios de
una forma especial a través de su evangelio, así que la fe es por el oír, y el
oír, por la palabra de Dios (Rom. 10:17), es decir, escucha el evangelio de
Cristo y siente como el Espíritu Santo inicia a obrar en él y si confiensa con
su boca que Jesús es el Señor, y cree en su corazón que Dios le levantó de los
muertos, entoces es una persona salva (Rom. 10:9). Y en ese instante Dios le
concede de su gracia especial.
La gracia especial es diferente a la
gracia común, pues es dada únicamente a aquellos que son redimidos de sus
pecados a través de Jesucristo. Dios mostrará un amor diferente, un amor al que
llamamos como complaciente, el autor Sproul lo relaciona de la siguiente
manera:
El amor
de Dios complaciente tiene que ver con su amor redentor que está enfocado
principalmente en su Hijo amado, pero que desborda a quienes estamos en Cristo.
Dios tiene un amor especial por los redimidos, y es un amor que no tiene por el
resto del mundo. (2015, p. 229)
Este amor complaciente y especial
desborda en todas las áreas de la vida de los hijos de Dios. Si nuestro Señor
provee de manera general y abundante de su gracia común, entonces las
provisiones a través de la gracia
especial serán aún mejores y agradables a nuestra vida.
La gracia especial no consiste
unicamente en los favores de Dios, sino tambien trae consigo una transformación
del ser humano en su vida ya que “la especial es sobrenatural y espiritual,
remueve la culpa y la corrupción del pecado y levanta la sentencia de
condenación” (Berkhof, 2005, p. 547).
La conexión de los redimidos con Dios se
hace aún más extensa y profunda, porque al tratarse de un concepto espiritual,
serán removidas cada piedra de tropiezo en sus vida y crecerá para dar frutos en
el mismo evangelio, no olvidando que hemos sido justificados gratuitamente por
su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús (Rom. 3:24).
Las palabras escritas en este documento
no serían suficientes para describir por completo la gracia especial, porque
desde el punto de vista del autor, es algo inexplicable, ya que es el don
inefable de Dios; pero podemos relacionar el concepto de gracia especial en las
palabras de un pastor cuando hablaba del Reino de Dios; él decía: “El Reino de
Dios es como una fruta tan deliciosa, tan rica, que aunque no conocemos el
nombre de la fruta, pero al probarla podemos saborear su excelente sabor en
nuestro paladar que queremos seguirla comiendo”. De la misma manera es la
gracia especial, ya que la gracia especial es parte del mismo Reino de Dios.
Finalmente, queda decir o más bien invitar al lector a atreverse a conocer y experimentar la gracia especial de Dios, porque solo de esta manera podrá tener un definición personal y única de la gracia o favor inmerecido de nuestro Señor, ese don inefable, ya que a través de las experiencias y testimonio los hijos de Dios vivimos inmersos en una vida transformadora para alcanzar la glorificación continua en el Hijo de Dios. ¡Gracias a Dios por su don inefable! (2 Cor. 9:15).
Bibliografía
Horton, S. M. (1999). Teología
Sistemática: Una Perspectiva Pentecostal. Editorial Vida.
Sproul, R. C. (2015). Todos Somos
Teólogos: una Introducción a la Teología Sistemática. Editorial Mundo
Hispano.
%20-%20Hecho%20con%20PosterMyWall%20(2).jpg)
Comentarios
Publicar un comentario