2 Corintios 4:7-10
Pero tenemos este tesoro en vasos
de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que
estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no
desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;
llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que
también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
Al revisar estos versículos en
diferentes versiones de la Biblia, nos damos cuenta que la palabra tesoro se
expresa de diferente forma, pero con el mismo valor; en la NTV nos dice que
tenemos esta luz, en Juan 8:12, nuestro Señor Jesucristo nos dice que él es la
luz del mundo, el que lo sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz
de la vida; en la TLA nos menciona que tenemos esta buena noticia, es decir, el
evangelio de nuestro Salvador.
Somos vasos de barro frágiles,
que da la misma manera en la antigüedad utilizaban utensilios de barro para
transportar cosas preciosas como el oro, en nosotros está depositado algo aún más
grande, el poder de Dios (somos templo del Espíritu Santo), Jeremías 18:6 nos
menciona que nosotros somos barro en manos del Alfarero, y en este sentido,
todo aquel que esté dispuesto al servicio de Dios, será moldeado para ser
utilizado con este gran poder. Porque no se trata de nuestro poder, sino del
poder de Dios.
Cuando anunciamos el evangelio el
poder de ese mensaje viene de Dios y no de nosotros, Dios nos ha enviado a
predicar su evangelio de salvación.
La palabra de Dios nos otorga la
fuerza necesaria para seguir adelante, por que pasamos por muchas dificultades,
y no nos desanimamos; tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma; nos
persiguen, pero Dios no nos abandona; nos hacen caer, pero no nos destruyen; porque
muchas son nuestras aflicciones, pero de todas ellas nos librará Jehová (Salmos
34: 19) y en nosotros mora el Espíritu Santo de Dios.
Porque Dios se manifiesta a
través de nosotros para dar vida a muchos con la resurrección de su Hijo Amado.
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